Noticia de la Comisión Pontificia para la protección de menores – 22 de septiembre de 2026
La Comisión Pontificia para la Protección de Menores —Tutela Minorum— visitó Repara el pasado 19 de septiembre. Su secretario, monseñor Alí Herrera, y Juan Carlos Cruz, miembro de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, se reunieron con Lidia Troya, coordinadora de Repara.
La visita ofreció la oportunidad de reflexionar sobre la importancia del acompañamiento a las víctimas, la sanación y las lecciones que los supervivientes siguen ofreciendo a la Iglesia.
La puerta del centro REPARA en Madrid se abre a un amplio espacio en la segunda planta de la sede de Cáritas Diocesana de Madrid. Allí se brinda apoyo a personas que llegan cargando con heridas causadas por el abuso, principalmente dentro de la Iglesia.

REPARA es el centro de la Archidiócesis de Madrid para el apoyo a las víctimas y la prevención del abuso. Durante años, se asumió, casi instintivamente, que solo acudirían a sus puertas quienes hubieran sufrido abusos sexuales siendo niños o adolescentes. La experiencia ha revelado una realidad distinta: también acuden adultos, personas que no eran vulnerables cuando ocurrió el daño, pero que fueron hechas vulnerables a través de abusos de conciencia, abuso espiritual, uso indebido de la autoridad y falta de respeto hacia la confianza depositada en otros. Si estos centros han de responder a esta realidad, su enfoque debe ampliarse.
Esta apertura requiere más que buena voluntad. Los centros diocesanos de apoyo a víctimas y prevención del abuso generalmente necesitan un respaldo más sólido: presupuestos adecuados para sostener personal profesional, programas estables de acompañamiento y cuidado del personal, recursos educativos, recopilación de datos científicos y continuidad a largo plazo. Esta preocupación se ha expresado en muchas partes del mundo: el cuidado de las víctimas no puede depender enteramente de voluntarios o de recursos financieros limitados.
Cuando esto ocurre, el riesgo no es solo que los servicios se vuelvan frágiles, sino también que las instituciones terminen ofreciendo una respuesta meramente formal, útil principalmente para su inclusión en noticias en periódicos, en lugar de brindar un apoyo profesional y sostenido a quienes sufren, a sus familias y a sus comunidades de fe.

La prevención importa, e importa mucho. Pero la prevención no sustituye al acompañamiento. Las víctimas que existen hoy, cada una con su propio nombre e historia, necesitan ser escuchadas. Necesitan tiempo y necesitan profesionales que puedan acompañarlas en su camino hacia la sanación y la restauración integral.
Durante la visita, surgió una lección que ningún documento puede enseñar: la sabiduría de los supervivientes no está escrita en papel. Está escrita en los corazones heridos, pero resilientes, de personas reales.
Salimos de REPARA con esa convicción y con la imagen de esa misma puerta, que sigue abriéndose cada mañana.

